Jun 3, 2026
El inesperado encuentro con Sangben-Kor
Esa noche, Baikar se despertó de nuevo, esta vez sin el desconcierto de la primera vez. Al abrir los ojos, vio la habitación iluminada por un débil resplandor azulado que parecía emanar de la Caja de Fisher, envolviéndolo en un manto de sombras y neblina. Sentía un impulso, una atracción silenciosa hacia el objeto que lo había llevado a ese umbral entre los mundos. Sin vacilar, se levantó y, como atraído por una fuerza invisible, caminó hacia la Caja.
Cuando se inclinó y miró su reflejo, la oscuridad lo envolvió. En un instante, su habitación desapareció y se encontró en medio de las calles desiertas y sombrías de Leguinée.
Caminaba cautelosamente, sintiendo el peso de cada sombra, el eco de cada paso. Pero algo era diferente. La atmósfera se sentía más densa, casi hostil. Y entonces, vio una figura en el callejón, una sombra alta y amenazante que avanzaba lentamente hacia él.
Baikar Parsani: Apenas susurrando, la voz temblando. ¿Quién… quién eres?
La figura no respondió, pero a medida que se acercaba, Baikar percibió una presencia abrumadora. Su rostro era una máscara de sombras, una figura esquelética, coronada con huesos y plumas negras, con ojos rojos que lo miraban desde el abismo.
Loa: Con voz cavernosa y arrastrada. Soy Sangben-Kor, el que guarda las almas que se pierden. Tú, mortal… has cruzado más de lo permitido.
Baikar intentó retroceder, pero sus pies parecían clavados al suelo. Podía sentir el frío intenso que emanaba de esa figura, un frío que calaba hasta sus huesos y lo inmovilizaba.
Baikar Parsani: Forzando una voz apenas audible. No… no sé cómo llegué aquí. Solo estoy… observando.
Sangben-Kor: La figura alzó una mano esquelética que vibraba con energía oscura. No te pertenece observar, mortal. Has cruzado a donde no te corresponde. Aquí, la curiosidad se paga con un alto precio.
La figura extendió la mano hacia él, y Baikar sintió una presión helada en su pecho, como si una mano invisible intentara arrancarle la esencia misma. Se debatió, intentando liberarse de aquella opresión, pero la fuerza de Sangben-Kor era abrumadora. Justo cuando sentía que se desvanecía, una voz familiar y profunda resonó en la oscuridad.
Papa Legba: Con un tono autoritario y solemne. ¡Detente, Sangben-Kor! Este mortal está bajo mi protección.
Sangben-Kor se detuvo, con la mano aún extendida, y giró su oscura mirada hacia Papa Legba, quien se había materializado a unos pasos de ellos, con una calma solemne y la mirada fija en el Loa.
Sangben-Kor: Con voz fría y resentida. ¿Por qué traes a mortales aquí, Legba? Este lugar no es para ellos.
Papa Legba: Con una media sonrisa y una autoridad inquebrantable. No lo traje yo; su voluntad y su curiosidad lo trajeron aquí. Pero mientras esté bajo mi guía, no tocarás su alma. Así lo dispongo.
Sangben-Kor soltó un gruñido, una mezcla de irritación y resentimiento, pero al final, bajó la mano y se desvaneció en la penumbra, sus ojos rojos apagándose lentamente. Baikar respiró aliviado, aunque sus piernas temblaban al sentir cómo el frío espectral se desvanecía.
Baikar Parsani: Mirando a Papa Legba, con el miedo aún en su voz. ¿Qué… qué era esa cosa? ¿Por qué me atacó?
Papa Legba: Con voz grave, mirándolo con seriedad. Ese era Sangben-Kor, un dios menor de la oscuridad y el tránsito de almas perdidas. Él habita aquí, en las sombras de Leguinée, y no toma a bien que los mortales crucen a este lado sin saber lo que buscan. Para él, los vivos son intrusos, nada más.
Baikar Parsani: Titubeando, aún respirando con dificultad. Pero tú… tú me defendiste. ¿Por qué?
Papa Legba: Con una leve sonrisa, aunque sus ojos permanecen insondables. Porque, Baikar, has demostrado tener una voluntad lo suficientemente fuerte como para cruzar de nuevo a este mundo. Si continúas, deberás enfrentar a más Loa como él, seres que no te verán con simpatía. Pero yo soy el guardián de las puertas, y, por ahora, seré tu guía.
Baikar lo miró con una mezcla de agradecimiento y temor. Papa Legba le extendió una mano, señalando hacia adelante.
Papa Legba: Ven. Quedan muchas sombras por conocer en Leguinée.
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